
SERMONES | SERMONS
1er DOMINGO EN ADVIENTO (1. DIC. 2019)
Isaías 2:1-5, Salmo 100, Romanos 13:11-14, Mateo 24: 36:44
Imágenes, ilustraciones y comparaciones abarcan las lecturas de la mañana para el primer domingo en adviento. Las que de una manera irónica nos invitan a caminar en luz, llenar la vida de esperanza realizada pero por llegar.
Mientras que estamos acostumbrados a la corona de adviento, velas de colores pacíficos, adornos preciosos en el altar y una liturgia diferente a la que tenemos normalmente. Nos acostumbramos a las cosas que conocemos y no aceptamos cambios. Todo aquello que es diferente a lo que conozco no tiene cabida.
Específicamente en esa coyuntura es que trabajan las lecturas de hoy. Las que nos invitan a meditar en nuestra manera de ser. Nos invitan a considerar cambios profundos y significativos en la vida.
La comodidad en que decimos vivir y estar bien, nos invita a que ponderemos y meditemos profundamente. ¿Comodidad o caminos que nos acercan a las tinieblas? ¿vivimos en paz con eso? Mientras que la luz a la que debemos dirigirnos, a esa, no hacemos el menor esfuerzo porque incomoda.
Ciertamente las imágenes del diluvio y el ladrón en la noche nos aterran. Hoy día secuestran una familia, roban los bienes de una persona en su propio hogar y no nos sorprende. Mientras Jesús anuncia su llegada como la de un ladrón la noche y lo romantizamos.
La tarea es indagar en las lecturas, imágenes y en el aviso de Jesús, cuál es el camino a tomar. No solo en el adviento, sino todos los días de la vida. Isaías anuncia al pueblo que el cambio va llegar y que este va ser uno dramático en todos los aspectos de la vida. Pero brinda la noticia que las espadas serán para labrar la tierra, las lanzas cortaran la cosecha y el cese de armas y preparación para guerras abren caminos nuevos. La alegría y gozo llenarán las calles de las ciudades. Los días de presión e injusticia serán temas del pasado a medida que los horizontes del futuro de Dios nos llamen hacia adelante.
Removiendo el velo de este imaginario encontramos la esencia y puro mensaje del evangelio. El cual continua siendo uno de incomodidad, de manera que no estemos acostumbrados a la inercia, “status quo.” El evangelio es el que revela la justicia, al ser humano, a través de la fe y por fe. Por lo que el evangelio nos demuestra el camino de aquello que es imposible a lo que es posible. Nos lleva del mundo en que vivimos a lo que el mundo verdaderamente es. Un lugar donde la justicia, equidad y amor reinan sobre la injusticia, la guerra y disparidad entre seres humanos creados a imagen y semejanza a Dios.
Como resultado de una meditación responsable realizamos lo siguiente; no podemos continuar dormidos sin saber que esto que ocurre alrededor es como en los días de Moisés. Es triste saber que estamos dormidos y se agrava con la pasividad. Es lamentable cuando continuamos estancados cuando sabemos, que la elección correcta es movernos.
Nuestra opción es movernos de lo terrenal y pasajero a lo que es celeste y perdurable. ¿Deseamos continuar en el diario vivir, realizando lo mismo de siempre, esperando resultados diferentes? Ya sabemos de antemano que así no se alcanzan una situación estable y productiva.
Hay que despertar del, “ser cristianos no requiere esfuerzo ni acción.” Por todo lo contrario se necesitan fuerzas sobrenaturales para despertar. El mensaje en adviento es “velar” y para esto hay que ser atalayas. La llamada en adviento es que no podemos seguir en el peligroso sueño del descuido. Confesemos que estamos vivos y peligrosamente dormidos.
Hay que dejar de vivir en el disimulo. No podemos adaptarnos a las exigencias de este mundo. Menos a las actividades que sabemos no debemos realizar y, aun así, buscamos la manera de hacer. No hay que continuar apreciando la óbita religión y desechando la viva voluntad de Dios.
El adviento nos llama a soltar todo lo que tenemos en las manos y deconstruir todo pensamiento preconcebido de Dios. De este modo estamos en la creencia que solo Dios llena las expectativas de los corazones en espera de una vida libre al recibir a Jesús con alegría cuando regrese.
Debemos estar preparados para ser robados o necesitamos ser robados. Al prepararnos a través de toda vida perseveramos en las luchas espirituales y en las discrepancias diarias mantenemos viva la fe que nos ha sido regalada en el bautismo. También necesitamos ser robados, o somos capaces de comprender la acción de Dios; por tal razón la acción de de Dios es necesaria. El escudriña lo profundo de nuestros ser eliminando lo que no sabemos que es estorbo. Pero se lleva cambie las costumbre muertas que ocupan un lugar valioso en nuestras vidas. Meditemos en aquellas actividades y actitudes a las que nos aferramos que necesitamos en la vida humana un diluvio espiritual.
La imaginería usada por Isaías y Jesús son las herramientas necesarias para provocar un cambio en nosotros. Tal cambio es uno que produce esperanza y consuelo en medio de las necesidades y opresiones que sufrimos. Pereciera infundir miedo pero no es así. Nos trae la esperanza viva en la llegada de un niño, Emmanuel. Es él quien domina todas las fuerzas que se oponen a su reino y aquellas que disipan nuestro futuro de la vida en el aquí y ahora. Dios mismo nos llama a través de un diluvio a tener un bote preparado, es quien nos dice toma una alarma para u seguridad nocturna. Bote y alarma, imágenes que hoy nos dejan saber que la mano de Dios, en nuestros días, continua activa.
2do DOMINGO EN ADVIENTO (08. DIC. 2019)
Isaías 11:1-10, Salmo 72: 1-7,-18-19; Romanos 15: 4-13, Mateo 3; 1-12
Si pensábamos que esta semana tendríamos unas lecturas tipo suavizador, nos equivocamos. La ropa de Juan el Bautista, una que ni esclavos estarían cómodos con ella, una dieta no vegana sino desértica. No deseo imaginar su estilo de cabello ni la manicura. En fin debió de presentar una apariencia única y llamativa de la misma forma que su mensaje. El resultado de todo esto fue uno que merece atención. Ya que es particular, lascerante e incisivo.
El mensaje de Juan el Bautista continua siendo igual de necesario en la vida de todos. Esto considerando lo serio y la extensión de las raíces su mensaje. El adviento trae a nuestra memoria el nacimiento del niño Jesús. Pero también nos lleva preparar encamino de Dios para su parusía. Por lo que vivimos en la paradoja de lo que es y será la voluntad de Dios. Vivimos en el aquí y ahora, confiados en la gracia de Dios y la justificación por la fe en Cristo. Pero en la expectativa de un Dios que ha de venir a a ejercer juicio.
El mensaje de Juan el Bautista es tal que nos invita a meditar que de ninguna manera por ser de la descendencia de Abraham tenemos prioridad, por ser judío no hay preferencia. A estos les llama raza de víboras. Y les invita a no ser espectadores sino, a arrepentirse y prepararse para recibir el bautismo a través de la confesión de pecados. Pero tampoco por ser de los otros (no judío) están a salvo. A estos les llama pecadores y los exhorta a recibir el bautismo a través de la confesión de pecados. Ambos están en la necesidad de preparar el camino de Dios. Ninguno está exento.
No todo el adviento es una incomodidad espiritual, emocional o física. La imagen de los animales salvajes viviendo uno al lado del otro en completa armonía. Y la imagen de los animales dóciles disfrutando la presencia de otros animales sin medios y o tensiones; ¿qué nos representan? Nos representan la transformación de la creación. La llegada prometida del niño Jesús es el cambio que todos esperaban. Hoy día preparar el camino de Dios representa el momento en que las dudas se disipan, la escasez da paso a la abundancia divina, el pecado deja de dominar la vida para recibir la libertad del amor de Dios.
El adviento nos llama a enfocarnos en las debilidades y conductas que tenemos como seres humanos que necesitan ser transformadas. Nos alienta a ver nuestra esperanza renacer a pesar que, alrededor nuestro hayan troncos secos. Nos llama a confiar que las situaciones incómodas han de tornarse agradables y en donde hay oscuridad ciertamente brillará luz.
La esperanza en el adviento es la virtud que anhelamos con las fuerzas del corazón. La certeza de nuestra esperanza es el resultado de confiar en aquel que que ha prometido regresar. Juan el Bautista pregunta: ¿Eres tu aquel que había de venir, o esperaremos a otro? Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.
La certeza en al adviento proviene del juicio de Dios que nos libera de prejuicios, inequidades e injusticias que invaden nuestros corazones. Juicio que nos otorga la libertad para amar, construir mejores relaciones y crear nuevos modelos vida por el Espíritu de Dios.
Tal juicio es el que revela nuestra verdadera naturaleza como hijos e hijas de Dios, con la capacidad de hacer su voluntad como es en cielo y amar al prójimo como a nosotros mismo. Juicio que verdaderamente nos capacita para amar y alabar a Dios sobre todas las cosas con corazones limpios.
En adviento es que vivimos confiados del juicio de Dios, es cuando ejercemos la fe en medio de la paradoja que nos ha tocado vivir. Adviento nos invita a depositar la confianza en las promesas de Dios, seguros que, Aquel que envió a su Hijo a nacer en un pesebre, también ha de ser que quien lo envíe de regreso para culminar su voluntad.
Hay una historia de Lutero que nos dice:
Una vez Martín leyó el siguiente pasaje: “No te preocupes por lo que vas a decir, porque el Espíritu Santo te enseñará a esa hora lo que debes decir" (Lucas 12:12). Decidió aceptarlo y, por lo tanto, trabajó toda la semana en su comentario sobre los Salmos y no trabajó un poco en su sermón para la Catedral de Wittenberg el próximo domingo.
Más tarde cuenta que cuando subió al alto púlpito y miró hacia el mar de rostros levantados, el Espíritu sí le habló. Le susurró al oído estas palabras: "Martin, no te preparaste".
Juan el Bautista no se molesta en susurrar.
Él grita al desierto el mensaje estridente:
"¡Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado!"
3er DOMINGO EN ADVIENTO (15. DIC. 2019)
Isaías 35:1-10, Salmo 146: 4-9, Santiago 5:7-10, Mateo 11; 2-11
¿Por qué se pregunta eso ahora y no al principio en el principio del ministerio antes de irse al desierto? Porque no preguntarse ¿que sucedió que el hijo de un sacerdote del templo está sufriendo de esquizofrenia en la soledad del desierto? A lo mejor alguna experiencia le generó una figura del Mesías intensa y aterradora. Un Dios fuerte, inflexible que corta lo que nos sirven y los echa al fuego. De una manera u otra Juan el Bautista tenía una manera particular de percibir al Mesías. La cuál es muy diferente a lo que la gente esta viendo y experimentando al momento.
Desde muy joven Juan se dedicó a la proclamación de la llegada del Mesías. Dedicó toda su juventud a vivir de una manera muy particular, creó una comunidad de discípulos creyentes en el arrepentimiento y el bautismo en agua, el fogoso profeta, el heraldo del Mesías que se acerca, aquel que tronó en contra de los religiosos y políticos, aquel que caminó por la orilla del Jordán y reconoció a Jesús como el “Cordero que quita el pecado del mundo.”
Al leer esta parte de la vida del evangelio lo único que resalta es si en algún momento hemos pensado fuera de la caja. Hemos sido instruido a vivir en cierto ambiente el cual define nuestra existencia, la manera de concebir las cosas y cómo estas se resuelven y funcionan. Pero, ¿qué fue lo que pasó con Juan?
No todo el tiempo se recibe lo esperado y en otras, lo recibido es lo que se necesita y no lo que se quiere. Me parece que en esa caja se encuentra Juan el Bautista. Él había anunciado la llegada del Mesías con el mandato de volverse a Dios. Juan anuncia a alguien que grita en el desierto “preparen el camino y enderecen la senda de Dios.”
Juan habla de alguien que venía dispuesto a castigar a las personas por sus actos, pecados y falta de arrepentimiento. Y compara la conducta de las personas con los frutos de los árboles y su dueño. Así asumía Juan el Bautista que, Jesús iba a cortar a las personas de la faz de la tierra, a dividir la paja del grano y quemar la paja en el fuego que nunca se apaga. Así era la percepción de del juicio de Dios en Juan el Bautista. Una vez Juan, encarcelado, tiene la oportunidad de reflexionar en su mensaje y lo que al momento sucede en la comunidad. En ese momento Juan formula la siguiente pregunta; ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?
Recibir esta clase de pregunta en el tercer domingo en adviento es recibir sal en una herida abierta. En el momento en que más certero se ve el final del camino, es cuando más se aleja. Luego de escuchar y ponderar en esta pregunta de Juan, ¿cuál es nuestra respuesta? ¿o que es lo que vemos? Nuestra respuesta estaría a un lado y lo que ocurre al lado opuesto. Cerrar este abismo social/religioso es la tarea en adviento y través de la vida. Por un lado social debido la lejanía de la humanidad de aquel que se nos acercó. Por otro lado lo religioso, por la indiferencia de lo que ocurre en la sociedad y el mensaje recibido por parte de Aquel que está cerca. No sin dejar a un lado el decaimiento del compromiso congregacional. Lo que vemos no está en la cercanía de lo que creemos, el regreso de Jesús. ¿Qué clase de respuesta percibe usted de la sociedad y la iglesia?
Esta tensión presentada a través de Juan coloca al ser humano entre dos polos, la decepción y el clamor. La decepción de Juan al ver que “el cordero que quita el pecado del mundo” manifiesta el reino de Dios de otra manera a la esperada. Mientras que es el “clamor” de un pueblo por la una libertad humanizada. No por la ira de Dios sino por la comprensión de Dios de una humanidad en necesidad ser entendida. Lo que nos lleva a meditar en la pregunta: ¿Es este el que había de venir esperamos a otro?
La idea de Dios que tengamos encerrada en la caja es hora de sacarla. Hay la premura de que sea actualizada a la necesidad de nuestro espíritu y no a los deseos preconcebidos que tenemos. La sociedad, la iglesia y la familia no necesitan ser juzgados, cortados y pinchados con un tridente. Necesita ser comprendida, amada y restaurada con la poderosa mano de Dios.
En el adviento mientras vamos preparando el camino al encuentro con Jesucristo; también vamos cambiando la angustia y la tristeza por la alegría y gozo que nos brinda la expectativa de lo que aun no es pero que pronto lo veremos culminado.
La contestación que Jesús le brinda a Juan es única. Si, confirma los hechos que Jesús realiza en beneficio de los necesitados. Pero también hay que resaltar como la balanza de la injusticia e inequidad es nivelada a favor del oprimido y marginado. Siendo el resultado gozo, paz y amor en vez de juicio, miedo y condenación. La contestación de Jesús es una que anima a Juan y a nosotros a: movernos de la duda a la certeza, de la vacilación a la audacia, de la sospecha a lo cierto, de la oscuridad a la luz de Dios.
La contestación de Jesús es una afirmativa que el ministerio de Juan era y continua siendo uno relevante en todo momento. Hoy día somos nosotros quienes continuamos encarnando en la sociedad en que vivimos la contestación de Jesús. Hoy somos nosotros quienes vamos anunciando la gracia amor y esperanza que nos es regalada. Pero también a denunciar la opresión y toda clase de injusticia cometida en contra del ser humano. Vayamos en el adviento y a través la vida anunciado el regreso del Mesías.
4TO DOMINGO EN ADVIENTO (15. DIC. 2019)
Tercer domingo en adviento dicembre 22 2019
Isaías 7:10 -16, Salmo 80: 1-7; 16 -18, Romanos 1:1-7, Mateo 1:18- 25
La gracia y amor de Dios nos lleva a comprender su llamado en la vida. El ser parte de su su plan de salvación a través del anuncio de la proclamación del Reino de Dios; hoy aquí y ahora. “El Espíritu de Jehová me ha ungido para dar buenas nuevas…”
Esto ha de ser aun cuando tengamos que cambiar las prioridades en la vida. Como seres humanos nos gusta hacer planes, nos gusta tener control de lo que será el futuro. En ocasiones cambiamos los planes, pero seguimos siendo nosotros el centro de ellos y los beneficiaros totalitarios de los mismos. ¿Pero que hay cuando es Alguien externo quien realiza los cambios?
Ese es el asunto de la narrativa del evangelio de hoy. José tenía planeado cómo iba a ser todo el asunto de unir su vida a la de María de acuerdo a lo que exige la sociedad. Ella es presentada y desposada según la cultura y los ritos. Y ahora en preparativos finales para la formalidad de esta unión matrimonial un cambio en las coordenadas. Ahora no es como ellos desean, la voluntad de Dios ha irrumpido en sus planes y hay un nuevo plan. María ahora concebirá un hijo del Dios Altísimo y tu José no tendrá reparo en aceptar a este hijo como tuyo.
Ciertamente son cambios serios en la vida. Pero fijemos en José, hombre justo y obediente a la justicia. Hombre temeroso de Dios y hacedor conforme a las costumbres judías. También era un hombre responsable, trabajador y no se andaba buscando problemas. José, hombre ejemplar, de buen provenir, descendiente directo de la casa de David. Lo único que buscaba era una vida sencilla junto a su familia y adorar a Dios. Con toda esta descripción su decisión de dejar a María era una benévola. No sin antes tener un cabildeo serio de que era lo correcto para hacer. Si la denuncio religiosamente la lapidan a muerte según la ley de Levíticos. Si la denuncio ante la ley su destino es mendigar para el sustento u obtenerlo mediante la prostitución.
¿Dónde está el verdadero propósito de esta decisión de José? ¿Cuál es el propósito de Dios al irrumpir en los planes de José? Preguntas fuera de la caja y del romanticismo literario. Destinadas para apreciar la acción de Dios. La vida de José ha sido reorganiza de una manera my diferente a la que él tenía. Ciertamente pudo haber dicho no, y María también. Pero ¿cómo negarnos cuando es Dios el que nos llama? La organización de Dios es una que ocasiona retos sociales y religiosos los cuales requieren de una total fidelidad en la acción de Dios. José enfrentó los cambios sabiendo que era la dirección y plan de Dios.
En vez de esterilizar y canonizar la contestación de José, por que no la aplicamos a nuestra vida. La obstinación del ser humano descarrila la voluntad de Dios. Mientras que la mansedumbre de Espíritu es cónsono a la voluntad de Dios. El ejemplo que Dios nos comparte a través de José es uno que nos lleva a confiar en su voluntad y no ha comprenderla. Si compenetramos con la decisión de José, sabemos que es la mano de Dios en el quid de su encarnación. Ningún ser humano toma tal destino si sus coordenadas no han sido calibradas a las de Dios.
Este último domingo en adviento nos lleva una vez más al primer domingo en adviento. Esa llamada de Juan el Bautista a enderezar el camino del Señor. Ahora se hace viva tal exhortación de Juan. Apreciamos que la manera en que Dios organiza la vida del ser humano es una que desarraiga de nosotros aquello que no es fértil. La toma de desiciones en la vida es una que conlleva dolor, sacrificio y confianza en la obra de Dios. José nos presenta una escena llena de confianza y seguridad en la presencia de Dios en el proceso de enderezar el camino y asumir nuevos destinos.
Si asumimos que Dios ha terminado su acción no hay razón para celebrar adviento ni de nuevas direcciones. Por todo lo contrario Dios continúa creado caminos de hermandad, amor y certeza para nuestros pasos. El adviento aún tiene su importancia en la vida, es quien nos brinda caminos de esperanza y consuelo en los momentos de fragilidad humana. Si celebramos navidad es por que tenemos esperanza y si tenemos esperanza es por que Dios sigue presente organizando nuestras vidas por caminos conocidos para ÉL.
